Curiosidades lingüísticas XV – El piropo

Buenas tardes a todos, amigos, amigas, compañeros, compañeras. Hoy tenemos un tema muy especial para todos aquellos, especialmente aquellas, que disfrutan con los artículos semanales de cada jueves sobre Curiosidades Lingüísticas. Hoy es exactamente la decimoquinta edición, la entrega número quince de este repertorio de curiosidades de la lengua, y como número quince, ese al que llaman la niña bonita (no sé por qué, supongo que por la edad o algo parecido…), traigo un tema muy interesante que explicar. Se trata del piropo, esa palabra que tan de moda está en los albañiles y que tanto inspira o agobia a una mujer, o a un hombre en caso contrario, esa palabra con la que nombramos a una belleza que pasa por nuestro lado y es verdaderamente digna de ver, esa lisonja tan cuidada a veces y tan descarada en otras muchas ocasiones.

Pues bien, esta palabra nos va a dar juego para hablar de etimología, como venimos haciendo en la mayoría de los artículos (qué sería de las curiosidades lingüísticas sin la etimología… terminarían por quedarse en nada). Esta palabra, «piropo», es un término muy usado cuyo verdadero significado se desconoce. Es decir: todo el que utiliza la palabra piropo sabe perfectamente que se refiere a una lisonja, a una palabra que sirve para hacer que una chica se sonroje o, quién sabe, se enfade (todo puede suceder, y muchas veces ocurre lo segundo, sobre todo cuando se trata de piropos bordes).

Esta palabra se me ha venido hoy a la memoria porque cuando, allá en junio del año pasado, estaba yo entre examen y examen de esa prueba llamada selectividad, esa prueba que sirve sólo para entrar en la universidad y que a muchos los deja en la calle por no haber alcanzado unas mínimas décimas, y me preguntaron mis compañeros y, sin embargo, amigos sobre el examen de griego. Una de las preguntas consistía en nombrar dos términos que viniesen de dos palabras griegas ofrecidas en el enunciado, y una de ellas era «pir, pirós» (que significa fuego). Pues bien, mi respuesta a esa pregunta fue: pirómano y piropo (háganse una idea).

El piropo, decía, es un término que deriva de esa palabra griega, pir, del que también podemos extraer las palabras pira y pirita (la piedra), entre otras. A cualquiera que le explique por qué respondí al examen con la palabra «piropo» le extraña lo que le digo. Cuando lo expliqué delante de aquella gente, sin embargo, quedaron impresionados, más que extrañados, porque se dieron cuenta de que es cierta la relación de significado entre el étimo y el derivado. Dije, pues, que el piropo es una palabra caliente que se le dirige a una persona para causarle rubor.

Por tanto, la explicación que nos queda de la etimología del piropo es esa: una palabra caliente, atrevida, que sirve para calentar las mejillas y el corazón de una persona y que a veces, sin embargo, la calienta de ira o de coraje.

Hasta aquí, compañeros, la curiosidad lingüística de esta semana. Cada jueves, si nada lo impide, claro, una nueva entrega en este blog. Hasta la próxima semana.


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  • -Herbert West-

    vaya, que entrada tan interesante, nunca había siquiera imaginado que esa fuese la etimología de la palabra piropo, en verdad creo que es muy acertada.

    Otra palabra cuya etimología me gusta mucho es “catarro”, analizala y verás que está muy bien ideada.