Curiosidades lingüísticas IV – Hexámetro dactílico

Antes de decir nada, antes de revelar ningún punto importante de la información reservada para hoy, permítanme los presentes hacer un breve, cuanto más mejor, comentario acerca del tema. Corresponde este artículo, como los tres anteriores escritos bajo el mismo título, a curiosidades relacionadas con la lengua, lo podrán deducir. Pero al mismo tiempo –y este es el motivo del comentario introductorio–, se habrán dado cuenta de que casi todos los artículos relativos a la lengua han estado, hasta la fecha, relacionados con el latín. Hoy no va a ser menos. Por eso quería hacer esta pequeña aclaración: no es que todas las curiosidades lingüísticas posibles tengan que ver con el latín, aunque es cierto que buena parte de ellas sí. Es sólo que, puesto que me encuentro actualmente empezando la carrera de Filología Hispánica, tengo clases de latín, y he ido descubriendo ciertas curiosidades, las ya mencionada más otras nuevas, que son las que voy plasmando en estos artículos. Podríamos decir, de alguna manera, que este apartado de curiosidades lingüísticas es realmente un diario personal donde escribir las curiosidades relativas a la lengua que he aprendido en los últimos días. No obstante, quizá llegue el momento en que, por el motivo que sea, explique alguna curiosidad relativa a la lengua y no relativa al latín. Perdónenme, entonces, las constantes referencias a la lengua histórica –no muerta, cuidado con los términos–, y abran sus oídos, mejor dicho, sus ojos, hacia la nueva curiosidad de esta semana, que va a tratar sobre uno de los metros que utilizaban los romanos para escribir poesía.

Una vez entrados en materia, anunciaré de qué vamos a hablar. Trataremos aquí, en breves palabras, tampoco hay que cansar mucho, del llamado «hexámetro dactílico». Éste es uno de los métodos utilizados por los romanos para escribir versos. No sólo por los romanos, sino también por los griegos anteriormente. Las grandes obras griegas escritas en verso, la Ilíada y la Odisea, y luego en Roma el gran poema épico de Virgilio, la Eneida, fueron escritas en hexámetros. Se utilizaba, sobre todo, para escribir poesía épica, pero también la poesía didáctica está escrita de esta forma.

El hexámetro dactílico se compone de la siguiente estructura. La palabra «hexámetro», descompuesta, nos da «hexa» (seis) y «metro». Por tanto, son seis metros. Tiene que constar de seis estructuras. La estructura que utiliza es, por su segundo nombre, estructura dactílica. Es el pie llamado «dáctilo» (de ahí, dactílico). El dáctilo es un pie formado por una medida larga y dos breves, semejante en cierto modo al tres por cuatro musical.

Ahora bien, la curiosidad es la siguiente. Una vez explicado el esquema del hexámetro, tenemos que saber qué significa «dáctilo», ¿no? Pues la respuesta es la siguiente: el dáctilo es en latín lo que en español es el dedo. Y aquí está lo curioso: si doblamos los dedos, menos el pulgar, y lo dejamos como si fuera un garfio, ¿qué resultado nos da? Un hueso largo y dos cortos. Una duración larga y dos breves. «Medicus».

Espero que les haya resultado interesante la cuarta curiosidad lingüística. Espero yo también, por mi parte, seguir aprendiendo nuevos aspectos curiosos de la lengua.

Nos vemos la semana que viene.


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