La batalla de Kruger

Si este blog trata de curiosidades, y esta categoría, de animales curiosos, no daríamos abasto si de verdad decidieramos hablar del animal más extraño que existe, el hombre.

El hombre cree que lo sabe todo de la vida, o que al menos sabe más que cualquier otro animal. Sin embargo, muchos pensadores no opinaban lo mismo. Nietzsche decía que el hombre es una “enfermedad de la naturaleza”, y Gehlen que se trataba de un “animal deficiente”. Según ellos el mundo natural es perfecto, sus leyes son perfectas porque derivan de la teoría evolutiva. Sin embargo el mundo humano y sus leyes, surgen de la libertad, del aprendizaje continuo, y por tanto son leyes imperfectas y cambiantes.

La naturaleza nos da constantes lecciones de vida, nos va contando segundo a segundo sus secretos, y sin embargo, sólo nos sorprendemos cuando el comportamiento animal se asemeja al humano. Y en fin, ¿qué hay más humano que la guerra?

Lo que ocurrió hace poco en el Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica, mientras unos turistas lo filmaban todo, no llega a ser una guerra, tal como nosotros la consideramos, pero sí una buena batalla. Unos turistas grababan cómo un grupo de leones acechaba a una numerosa manda de búfalos, y, aunque creamos que sabemos lo que va a pasar, este vídeo puede sorprendernos:

La batalla de Kruger

No hay buenos ni malos en la historia, cada animal hace lo que puede para sobrevivir, cada uno juega sus cartas, y sin embargo, no podemos evitar juzgarlos, poniéndonos en el lugar de los búfalos, o de los leones. Pero todos forman parte del mismo juego. Todos formamos parte de lo mismo.

Lo que ocurre en este video no es lo realmente extraño. Lo realmente especial es que el hombre estuviera allí, para filmarlo.

Por cierto, ¿sobreviviría la cría? Desde luego, se ha llevado una buena tunda…


Noelia Gonzalez

Nací en enero de 1981 en Ceuta, al norte de África, donde residí hasta los 10 años. Vivíamos mi hermano, mis padres, mis abuelos y yo en un pisito donde la aglomeración humana hacía que las anécdotas curiosas se sucedieran casi continuamente. Mis padres pasaron esos años ahorrando para poder llevar a cabo su sueño particular, fundar un hogar en Málaga, en una casa grande en la montaña, desde donde pudiera verse el mar. Lo consiguieron. En Málaga fui al instituto. Con 16 años participé en el programa de estudios Ruta Quetzal Argentaria, lo que marcó un punto de inflexión en mi vida y nuevos horizontes a la hora de definir futuras inquietudes. Me matriculé en Derecho, carrera que siempre me llamó la atención, porque no lograba entender muy bien por qué las personas nos organizábamos, por regla general, tan mal. Mi profesor de literatura se negó rotundamente a que lo hiciera, decía que esa carrera mata la imaginación. No le hice caso, así que en 2005 me licencié. El último año lo pasé en Atenas, con una beca erasmus. No sé si la imaginación me cayó enferma durante los años de universidad, sea como fuere, volvió muy viva después de ese viaje. Al llegar a España, tras un año sabático, y terminar los exámenes que se me habían quedado rezagados, me aventuré a preparar oposiciones a Judicatura. Como, después de vanos intentos por conciliarme con el sistema y memorizar las leyes al pie de la letra, empezara a darme cuenta de a qué se refería mi profesor de literatura años atrás, el verano de 2007 me até la manta a la cabeza, di por zanjada mi relación con esos estudios, y vine a vivir a Madrid. El año pasado fue un ir y venir, una reforma integral. Actualmente estoy trabajando como abogado fiscalista, empezando una vida juntos con el chico al que amo, y empezando de nuevo a escribir. Y cada día es una aventura.

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